Xibalbá

De momento Clint Mansell una vez más me cautiva, y como buen perro pavloviano caigo en sus armónicas redes de melancolía ya agotado en pensamiento. Tratar de reconocer qué es el Xibalbá en la intrepretación de cada uno, me lleva recurrentemente a la creación de las alternas realidades cohesionadas en un colectivo desprovisto de imaginario idílico. Cuesta trabajo dilucidar verdades desconocidas, suponiendo que exista tal verdad; el escepticismo no es parte del juego, pero acompaña soberbiamente la ignorancia.

Elije, entre las 6 casas del inframundo, la que mejor te acomode, fácil así conocer tus perversiones. Oscuridad, frío, bestias, demonios, navajas o lava. No suena muy alentador, tampoco lo es hablar de la muerte. Buscar la fuente de la vida, el designio en donde yace una respuesta de la que carecemos posible entendimiento, es indagar en un sentimiento de compañía; levita en esa esfera dorada fuera del tiempo y el espacio, sólo aquí podrás con la máxima expresión de paciencia, elucidar ese entreverado concepto degastado de tanto manoseo intelectual.

Aronofsky me entrego en una época de vacío emocional, una historia que no creí posible en lo empírico, debido a que en sí no lo es, pero no puede leerse como tal. Del mismo modo que aquél polémico conjunto de libros, la metáfora se hace dueña de la narración. Un sin sentido de locuciones utópicas llenan mi cabeza, para dejarme una amarga sensación en la garganta, suceso que no debería hallar lugar, pero el conjunto me acongoja. Hoy, estoy seguro que puedo ver esas imágenes como la historia que Darren me quizo contar desde un principio, todavía existe ese tipo de palabras que valen más que mil imágenes, me gustan esas imágenes que no dicen nada. Me gusta escucharte y verte, regresa Xibalbá.

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