¿Lugar?
Miro por la ventana del vehículo que me transporta y el paisaje detiene de súbito mis pensamientos, mi primera impresión es que sufro de alguna catarata ocular o algo por el estilo, pero lentamente voy percatandome de que el color del pueblo se viste de una seda inerte, más bien es incoloro. El cielo se torna tan gris como la roca, inamovible, impenetrable, lejano, no hay nubes, no hay espacio para la imaginación; el mar a suvez baila una danza triste, como el réquiem del anciano vagabundo que se acerca al muelle y mira con tristeza el velo de luto de aquel desolado oleaje. Ahora camino hacia la orilla del mar, algunos botes de pesca se estacionan cerca de la orilla, inundados de aves de rapiña disfrazadas de amigables animales costeros; el anciano llora desconsoladamente, pide ayuda para sobrevivir, en realidad no llora ser rie, se está riendo de mi perplejidad ante la indiscutible sobriedad del paraje, confundir la risa del llanto resulta sencillo cuando no se distingue el júbilo de ...