decadencia
Por alguna extraña razón despierto, preferiría haberme quedado dormido en esa cálida nieve. Cientos de cuerpos alrededor mío se retuercen de dolor en sus camillas, gritos desesperados e inútiles, todos esperan lo mismo, prefiero dejarme llevar por ella que reclamar por un aliento insoportable. Mis ojos viven fijos ahora en las tenidas blancas, el escozor en mi cuerpo comienza a hacerse tedioso, creo que el dolor llegó a mis venas, no recordaba mi uniforme de color marrón ... extraño.
Una mujer se me acerca, hermosa, de ojos cautivadores, la miro atónito. Pregunto su nombre, pero parece no prestar atención, pregunto de nuevo, se repite la historia, ¿estaré mudo? ¿será ella sorda? Nuestros ojos son más que suficientes para entender lo que se necesita hacer. Su mano se transforma en afiladas puntas de fierro y con brutal rapidez me arranca las piernas. No grito, no lloro, no lamento mi invalidez, su rostro sereno me produce más escalofríos que el tétrico escenario que se teje alrededor nuestro.
Le doy las gracias por preocuparse por mí ... noto algo diferente en sus ojos, me mira con ternura, está tratando decir que me quiere, no, me ama, bizarro. Pero su cariño no busca lo que ahora necesito, me debe dejar ir. Silencio. Siento un frío anormal en mi cuello, ahora recorre mi columna, es veneno, extrañamente me mata sutilmente. Mentirosa, ahora que la veo frente a frente entiendo sus ojos, no era amor, era lástima, solamente cumplió con la vocecita que la manipula. Bastarda.
Debo recordar para mi próxima vida no confiar en las palabras que no se pueden escuchar, ni en los cariños que no se pueden sentir; tergiversan la visión de quien realmente no puede ver.
Una mujer se me acerca, hermosa, de ojos cautivadores, la miro atónito. Pregunto su nombre, pero parece no prestar atención, pregunto de nuevo, se repite la historia, ¿estaré mudo? ¿será ella sorda? Nuestros ojos son más que suficientes para entender lo que se necesita hacer. Su mano se transforma en afiladas puntas de fierro y con brutal rapidez me arranca las piernas. No grito, no lloro, no lamento mi invalidez, su rostro sereno me produce más escalofríos que el tétrico escenario que se teje alrededor nuestro.
Le doy las gracias por preocuparse por mí ... noto algo diferente en sus ojos, me mira con ternura, está tratando decir que me quiere, no, me ama, bizarro. Pero su cariño no busca lo que ahora necesito, me debe dejar ir. Silencio. Siento un frío anormal en mi cuello, ahora recorre mi columna, es veneno, extrañamente me mata sutilmente. Mentirosa, ahora que la veo frente a frente entiendo sus ojos, no era amor, era lástima, solamente cumplió con la vocecita que la manipula. Bastarda.
Debo recordar para mi próxima vida no confiar en las palabras que no se pueden escuchar, ni en los cariños que no se pueden sentir; tergiversan la visión de quien realmente no puede ver.
Comentarios