Hacia rutas salvajes

Después de terminar de leer "Into the wild" de Jon Krakauer - y viendo la adaptación de este libro por parte de Sean Penn hace unos meses atrás-, me quedo con la sensación de que tenía expectativas mayores para el relato de Krakauer; pensaba más bien en un relato novelesco al estilo de Capote, pero es un gran reportaje con dotes de subjetividad explícita. Sin embargo, me parece muy rescatable que a través de los distintas vivencias que recoje en torno al paso de McCandless por su viaje de dos años, se acople a pensamientos algo más profundos, provenientes principalmente de reflexiones de algunos literatos.

En lo que peca Sean Penn, en su film, es que el papel desempeñado por Emile Hirsch es poco creíble, se necesitaba de una compleja amalgama de emociones para reflejar lo que tal vez transmitía el arrogante Chris. Pero por su parte los personajes secundarios, que no deben lidiar con las anacronías constantes del relato, logran mucho mejor sus roles -como por ejemplo el anciano Ron, que sin duda entrega una de las escenas más emotivas de la película-.

Tal vez un remake en unos veinte años más, logre con mayor pulcridad realzar las fortalezas de ambas obras. Una película soñadora, que enrostra la ambición de la búsqueda de la significación del ser -indagada en estados salvajes-, junto con sensatas y a su vez románticas reflexiones sobre lo que significa la cotidianeidad del hombre, la crítica hacia la vida ordinaria, entendida como un mero acoplo conformista de la modernidad.

"Buscaba intensamente la realidad, siempre como si la realidad no estuviese ahí (...)"
(John Menlove Edwards).
Siempre he sido creyente de que la realidad la construye cada uno, a su particular modo: simplista, superficial, complejo, romántico, absurdo, despótico, etc. Pero existe el problema de definir qué significa vivir en la realidad, porque el proceso de interiorización no es resultado más que la autodefinición del ser, a modo ontológico, mi trascendencia en el tiempo, realzada por un imaginario lleno de historia y sabiduría vivencial o empírica.

"Pero ¿qué es la historia? Es la exploración sistemática a lo largo de los siglos para resolver el misterio de la muerte y superarla en el porvenir"
(Boris Pasternak)
Si pongo la reflexión de Spinoza que pensar en la muerte no es más que dilucidar sobre las vicisitudes de la vida, estoy aseverando que la historia como tal, se resuelve en mi construcción de realidad, ya que esta pasaría a ser parte de la historia que voy creando en torno a mi experiencia. Historia, entendida como acertijo a la muerte; muerte entendida como mera superstición del hombre que no logra entenderse aun en vida. Creo que en la propia complejidad de mi vaga explicación yace el resultado de que no podamos entender lo esencial de la vida.

"Los niños son inocentes y aman la justicia, mientras que la mayoría de nosotros somos malvados y por esa razón preferimos el perdón"
(G.K. Chesterton)
¿Hombres con alma de niño?, patrañas y autoconvicciones vagas y absurdas. Realza el superhombre nietzschiano, que no necesita del perdón, porque su moral es tan perfecta que la justicia es un arma instrínseca en él. El hombre, un lobo para el propio hombre; bociferaba Hobbes sobre la naturaleza de éste. ¿Nuestras intenciones son realmente buenas? o buscamos el beneficio detrás de ellas, aunque sea inconscientemente, eso no lo excusa del hecho; preparáos con escudos ante la insurrección de los intransigentes adultos. Maquiavelo ya vaticinó que el miedo es una herramienta poderosa, creo que aún funcionan con gran efectividad esas tácticas del medioevo.

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